2 dic. 2020
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Ley de lemas: retorno a los '90



La llamada “ley de lemas” tuvo su auge a comienzos del menemismo. En un marco político ideológico calificado como “neoliberal”, caracterizado por reformas estructurales (achicamiento) del Estado, se produjo un impacto subordinador e impotetizador de la política que obligó también a los partidos políticos a “redefinirse”. Fuertemente impugnados y con un alto grado de fraccionalismo, las agrupaciones encontraron en las reformas a los sistemas electorales, una herramienta para conservar y consolidarse en el poder.



Una de esas formas fue la ley de lemas. 

Más de una decena de provincias la adoptaron, pero hoy sólo Santa Cruz la mantiene para la categoría a Gobernador, ya que en Misiones y Formosa perdura sólo para cargos provinciales menores. En Santa Fe se sancionó la ley de lemas hace exactamente 30 años: en noviembre de 1990 en una Legislatura que integré, pero ley que no contó con mi voto. Ante el fuerte desprestigio y deslegitimación social y política, en 2004, durante el Gobierno de Jorge Obeid se deroga y se sanciona posteriormente las PASO. 


Por eso, resultan ciertamente preocupantes las voces que desde el gobierno provincial santafesino plantean la posibilidad de reimplantar la ley de lemas: sería un grave retroceso institucional. 

¿Elijo al candidato que elijo? Con la ley de lemas el elector cuando vota lo hace a la vez y en un mismo acto, por un frente o partido (lema) y por una lista (sublema) dentro del mismo. De allí que se denomine al sistema de “doble voto simultáneo”. 


A la hora del escrutinio se suman los votos de cada sublema y gana el lema que tiene más votos, aún cuando el candidato triunfante no sea el que más sufragios obtuvo. Dicho de otro modo: el ganador no es el candidato más votado sino el candidato más votado del lema más votado… De hecho este “fenómeno” electoral le impidió en Santa Fe a Horacio Usandizaga en 1991 y a Hermes Binner en 2003 llegar a la Casa Gris: fueron individualmente los más votados en las urnas, pero no accedieron a la Gobernación. Este efecto produce confusión, trastocamiento de la voluntad popular y desconfianza en el proceso electoral. 


La ley de lemas permite el "milagro" electoral y político de ayudar con el voto a ganar a un candidato que quizá muchos ciudadanos jamás hubieran votado: voto a Juan pero mi voto ayuda a ganar a Pedro (enemigo de Juan) lo que lleva a la dramática pregunta del atribulado elector (clásica en la teoría política): ¿"a quién elijo?", o más aún: ¿"elijo realmente a el candidato que elijo?..." 


Tampoco evita el “internismo partidario" ni las llamadas "listas sábanas". Ocurre lo contrario: se potencializan las listas en cada sublema siendo evidente el esfuerzo de muchos candidatos para explicar quiénes son, a qué sublema pertenecen y a qué lema tributaran. Por ello suele decirse que "el voto es tan secreto que ni el propio votante sabe por quien vota...". 


La ley de lemas no minimiza el costo de las campañas electorales, al contrario, permite la aparición de un verdadero “mercado persas de candidaturas” que sólo exige aportes económicos y publicidad para que la sociedad por lo menos los conozca, vaciando de contenido político a las disputas electorales. Este sistema también produjo en Santa Fe un desplazamiento de la representación de las mujeres en las listas, impidiendo respetar la por entonces vigente, ley de “cupo femenino”: las mujeres eran postergadas sistemáticamente en cada sublema. 


En suma, la ley de lemas produce una agudización de la percepción negativa de la política y lejos de perfeccionar el régimen representativo es visualizado como el escenario propicio para las transacciones entre élites al margen del ciudadano. Pretender volver a implantar la ley de lemas es una clara regresión. Un retorno a lo peor de los '90.

19 nov. 2020, by: FM 98.3

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