14 may. 2021
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"El 66 por ciento de los desaparecidos fueron activistas sindicales"




David Blaustein y Andrés Cedrón presentan el documental "Se va a acabar"



La película que estrena el Bafici recoge los testimonios silenciados de trabajadoras y trabajadores que participaron en distintos conflictos sindicales durante la última dictadura. 


Durante la dictadura cívico-militar 1976-1983, los trabajadores industriales perdieron 700 mil puestos. Hubo alrededor de 50 mil Pymes cerradas. Los trabajadores pasaron del 48 por ciento al 30 por ciento en su participación en la distribución de la riqueza. Y un dato aún más espeluznante: las organizaciones de derechos humanos calculan que el 66 por ciento de los 30 mil desaparecidos fueron trabajadores activistas y delegados sindicalesEl documental Se va a acabar, de David Blaustein y Andrés Cedrón -sobrino de Juan "Tata” Cédrón, encargado de la música del film, y de Jorge "Tigre" Cedrón-, recoge los testimonios silenciados de trabajadoras y trabajadores que participaron en distintos conflictos sindicales durante la última dictadura, enfrentando el intento de desmantelar la industria y desarticular a la clase obrera organizada. El film tendrá su première mañana miércoles 24 de marzo a las 21 en el cine Gaumont, con la presencia de los directores y los protagonistas en el marco de las Noches Especiales del 22º Bafici (el 28 a las 13.30 se exhibirá en el Museo de Arte Español Enrique Larreta).


Con guion de Cedrón -que también tuvo a su cargo la edición-, Se va a acabar acompaña a los personajes que se refieren a las pequeñas y grandes resistencias que el movimiento obrero logró llevar a cabo frente a la represión. Con entrevistas a Carlos Leguizamón (delegado de la fábrica Cattaneo), Roberto Digón (Secretario Gral. del Sindicato del tabaco), María Luisa Rodríguez (delegada textil- Alpargatas), Germán Valdivieso (delegado de Subterráneos), Ana María Putelli (delegada bancaria) y César Loza (Secretario Gral. Sindicato Portuario), estos relatos dan cuenta que en las grandes decisiones que se tomaron para resolver conflictos, para enfrentar el terror y para resguardar los derechos hubo personas comunes y corrientes que ayudaron a cambiar la historia.


"La película iba a ser una serie que después se frustró", cuenta Blaustein en la entrevista con Página/12, de la que también participa Cedrón. La idea surgió de la presentación de un acto oficial, donde "un compañero dijo 'aquí están presentes las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que son las únicas que resistieron la dictadura militar’", recuerda Blaustein. En ese momento, el director de Botín de guerra y Cazadores de utopías, se acercó a otro compañero y le preguntó: "¿Eso es así definitivamente?”. Su compañero le respondió: "Hay que discutirlo". Blaustein se refiere a que los trabajadores también resistieron a su modo. Al cineasta le parecía injusto que no se hablara también de la resistencia de los trabajadores.


"Empezamos a trabajar para una serie que no fue tal y después cuando esa serie se frustró le pedí a Andrés que me acompañara a la locura de convertirlo en un documental independiente. Fue realmente independiente porque fue un documental que se rodó gracias a las colaboración de una cantidad de gremios y universidades, que también fue una experiencia muy interesante", agrega el veterano documentalista.


-Un poco lo que permite el recorrido por los diversos testimonios es asegurar, una vez más, que la dictadura, en materia económica, fue el primer ensayo neoliberal en la Argentina, ¿no?


Andrés Cedrón: -Nos parecía muy importante retomar esa línea de relación entre las políticas neoliberales y la represión, detención y secuestro de activistas y delegados y delegadas sindicales. El dato de que aproximadamente el 66 por ciento de los detenidos-desaparecidos fueron activistas, delegados y delegadas sindicales, nos parecía importante de mostrar y que todas esas luchas de resistencia se daban en el marco de estas políticas económicas y sociales que se estaban tratando de instalar, con el apoyo de las patronales y un sector de la sociedad civil. Todo esto nos dio la oportunidad de plantear las consecuencias, más allá de los relatos, que son sumamente humanos, de estas pequeñas y, a veces, grandes resistencias, que tuvieron los trabajadores. Pero también dan el marco de las consecuencias y de cómo eso dejó marcas en toda la industria nacional y en esas fábricas abandonadas que planteamos al principio. Fuimos desde las consecuencias para rever que uno de los principales objetivos era instalar esas políticas neoliberales y desarticular el movimiento obrero.


David Blaustein: -Es cierto que fue la primera experiencia neoliberal porque con Andrés, cuando leíamos todos los recortes periodísticos para ilustrar aquella época, en todos los recortes de ClarínLa NaciónAmbito, la propia Crónica veíamos que esa primera experiencia de la dictadura después se iba a repetir con el menemismo y después iba a ser calcada con Macri: el tema del ajuste, el achicamiento de la Nación, las privatizaciones...


A.C.: -La bicicleta financiera también. Y ahí hago un paréntesis con la pregunta anterior. Nosotros cuando decidimos hacer la película de forma independiente estábamos en pleno macrismo y nos parecía también una forma de resistir nosotros, culturalmente, a esa nueva ola de políticas neoliberales.


-¿Cómo eligieron a los entrevistados? ¿Eran muchos más?

D.B.: -Ojalá. No fue fácil encontrar a los entrevistados. Cuando fuimos a ver a Gonzalo Chávez a La Plata para hablar con él (que para mí es un resistente histórico, un tipo entrañable de más de 80 años) se despidió casi como si fuese un patriarca, y me dijo: "Como ya hiciste la memoria del genocidio, ahora tenés que hacer la memoria de la resistencia". Y el problema es que la resistencia se asocia con represión, desaparición... No fue fácil encontrar trabajadores que hayan estado en la época de la dictadura trabajando y que hayan participado de pequeños actos de resistencia, y que aparte quisieran contarlo. Era gente que había resistido y se exilió, gente que había resistido y desapareció, gente que había resistido y había terminado presa. Pero era muy difícil encontrar testimonios de trabajadores que hayan resistido en aquella época y que lo quisieran contar. No hubo muchos más de los seis que contamos. Y hubo sí varios casos gloriosos de gente que contaba anécdotas excepcionales pero que no quería contarlo frente a cámara. Quedaron por suerte estos seis que nos resultan muy representativos. Y con Andrés estamos seguros que la película va a permitir que aparezcan otros testimonios. Y no estaría mal que con esos otros testimonios que aparezcan, nosotros podamos hacer una segunda parte.


-Viéndolo en perspectiva desde la actualidad, ¿qué margen de lucha tenían las organizaciones obreras en conflicto? ¿Cómo se podía resistir en un país en el que los militares secuestraban, torturaban y desaparecían? ¿Cómo era esa resistencia?

A.C.: -Era muy difícil. Quizás el primer testimonio de Cacho Leguizamón, que era delegado de la fábrica Cattaneo, nos da ese marco para entender qué difícil era resistir ese golpe militar, ir a la fábrica, pasar a la clandestinidad siendo un militante de las bases sindicales. Es muy difícil: si dejabas de ir a la fábrica perdías el contacto con tus compañeros, con tu base de militancia. La verdad es que era muy difícil y por eso también se explica la desarticulación que tuvo el movimiento obrero que, a medida que iban pasando los años de dictadura, se pudo ir revirtiendo. Nosotros vemos esa injusticia y el desprestigio sobre algunos casos puntuales de dirigentes que entregaron compañeros o fueron cómplices de la dictadura, pero en realidad las bases sindicales siguieron teniendo el mismo compromiso y, a medida que pudieron, lograron ir articulando hasta conseguir el 27 de abril de 1979 el primer paro nacional contra la dictadura. Y la jornada gloriosa del 30 de marzo de 1982, que quedó empañada por le guerra de Malvinas a dos o tres días de esa jornada increíble, donde la gente invadía la Plaza de Mayo y no se quería ir, a pesar de la represión.


-¿Creen, como dice un entrevistado que tal vez los obreros no eran conscientes de la magnitud de lo que se iba a venir a partir del 24 de marzo de 1976?

D.B.: -Como no existió en el conjunto de la sociedad argentina. Nadie pudo imaginar la magnitud de la represión, nadie puedo imaginar el establecimiento de campos de concentración y nadie pudo imaginar la desaparición como mecanismo de represión. Para no repetir el fenómeno chileno -salvo en el caso del Estadio Nacional- lo que hizo la dictadura argentina fue generar la desaparición física de los compañeros. Y, de alguna manera, cuando uno les preguntaba a cada uno de los entrevistados si eran conscientes de lo que pasaba afuera, decían que no. La aparición de los campos de concentración empezó a ser categórica, explícita y demostrativa a fines del ‘78, principios del ‘79, con la conferencia que dieron tres compañeras en París. La magnitud de los desaparecidos y de los campos es algo que empezó a ser categórico a partir del desarrollo de la dictadura y de las denuncias en el exterior. Pero esa es una realidad.


A.C.: -Por el relato de los compañeros y las compañeras que participaron, a mí, que nací en el ‘79, me demostraban que ya venían de sufrir varias dictaduras y que no tenían el horror de la desaparición de personas. Entonces, quizás pensaron que se venía una dictadura más de aquellas anteriores y tardaron un tiempo en acomodarse y en entender verdaderamente lo que estaba pasando, como el resto de la sociedad. Por otro lado, hacemos hincapié en la película en 1978 por la importancia que tuvo la denuncia de la Comisión de los 25 en la Organización Internacional de Trabajo. Fue la primera denuncia internacional en un organismo como la OIT. Y les dio una cobertura a los dirigentes para las futuras medidas posteriores. En 1976 y en 1977 no fue una delegación de los trabajadores a la OIT. En 1978, la Comisión de los 25 aceptó integrar la comitiva, pero para ir hacer la denuncia. Finalmente, a pesar de que los encerraron en la Embajada Argentina presionándolos para que no lo hicieran, finalmente hicieron la denuncia de que había detenciones y que desaparecían personas en la Argentina. Y, además, denunciaron todas las políticas neoliberales que se estaban llevando a cabo. Después, esa denuncia les dio una legitimidad y una legalidad para hacer los reclamos y ya era muy difícil que esos dirigentes desaparecieran porque a nivel internacional se sabía lo que estaba pasando. Entonces, era un costo político muy alto. Eso me parece también que es un dato muy importante para ese 1978. Además, esa denuncia se hizo mientras estaba pasando el Mundial de Fútbol en la Argentina.


D.B.: -Para completar lo que dice Andrés de los 25 denunciando lo que pasaba en la Argentina, tanto Cacho Leguizamón, de Ceramistas, como María Luisa Rodríguez, de Alpargatas, plantearon la desaparición de personas en sus gremios. María Luisa planteó la desaparición de trabajadores en Alpargatas y Cacho planteó la desaparición de trabajadores ceramistas.


-¿Qué lugar ocupaban las mujeres obreras en la resistencia?

A.C.: -En esos años '70 estaban tomando una participación mayor. En nuestra película, está por un lado, María Luisa Rodríguez, delegada del gremio textil y que se había formado en la juventud sindical. Tenía una experiencia más de militante gremial no partidaria, si bien era peronista y había ido a buscar a Perón. Y, por otro lado, en el documental habla otra protagonista mujer trabajadora, Ana María Putelli, que estudiaba Ciencias Económicas y empezó a militar dentro del trotskismo. Después, empezó a querer tener ese contacto con la clase trabajadora e involucrarse en las luchas obreras. La película tiene de bueno esa amplitud ideológica y demuestra que la participación de la mujer empezaba a tener más lugar en el mundo del sindicalismo. Y nos pone muy contentos haber tenido esos dos testimonios.


-¿Qué significa estrenar esta película justo un 24 de marzo?

D.B.: -Significa un orgullo absoluto, una emoción muy grande, la sensación de que la película sigue, de que la lucha sigue, la felicidad de saber que el 24 los protagonistas de la película van a estar en el Gaumont, el homenaje a todos los trabajadores que ya no están, que han sido muchísimos, el homenaje a los compañeros que resistieron y que hoy no conocemos sus historias, la felicidad de seguir haciendo cine, la felicidad de haber trabajado con Andrés, la ratificación de que el documental es un trabajo colectivo. Todo eso significa.

 

* A partir del 24 de marzo a las 21, Se va a acabar también permanecerá disponible online durante 72 horas en vivamoscultura.buenosaires.gob.ar



Por Oscar Ranzani



24 mar. 2021, by: FM 98.3

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